“La mera actividad sexual es diferente del erotismo; la
primera se da en la vida animal , y tan sólo la vida humana muestra una
actividad que determina, tal vez, un ‘aspecto diabólico’ al cual conviene la
denominación de erotismo [...] Aquellos que tan frecuentemente se representaron
a sí mismos en estado de erección sobre las paredes de una caverna no se
diferenciaban únicamente de los animales a causa del deseo que de esta manera
estaba asociado -en principio- a la esencia de su ser. Lo que sabemos de
ellos nos permite afirmar que sabían -cosa que los animales ignoraban- que
morirían”.
George Bataille, Las lágrimas de Eros. Ed. Tusquets, p.41
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